domingo, 14 de diciembre de 2014

Concierto para violoncello y orquesta de Antonin Dvorak

Antonin Dvorak, uno de los máximos exponentes del nacionalismo checo, lleva como sello de identidad un lenguaje cargado de nostalgia, la expresión de un pueblo, el de Bohemia, que se siente orgulloso de sus tradiciones y las eleva a la máxima expresión artística. Su Concierto para violoncello y orquesta en si menor es una de las joyas de su producción musical y una de las cimas para el cello solista.

Calendario y reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga.
FICHA TÉCNICA

Obra: Concierto para violoncello y orquesta en si menor, op. 104.
Autor: Antonin Dvorak (Nelahozeves, Imperio Austrohúngaro, 1841 - Praga, ibid., 1904).
Año de composición: 1894-95.
Estreno: El 19 de marzo de 1896, con Leo Stern como solista y la Orquesta Filarmónica de Londres bajo la dirección del propio compositor.
Duración: 40 minutos, aprox.
Discografía recomendada: Jacqueline du Pré (violoncello), Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Daniel Barenboim, 1970 (EMI).

UN MÚSICO SENCILLO EN LA GRAN NUEVA YORK

Al inicio de la última década del siglo XIX, Dvorak era un músico prestigioso, no sólo en su Bohemia natal sino en toda Europa. Nuestro compositor no fue un revolucionario, tampoco tuvo una vida novelesca. Era un hombre sencillo, que venía de familia sencilla y que se ganó la vida inicialmente como violinista y pianista hasta que su talento como compositor salió a la luz. Ser miembro de honor de la Sociedad Filarmónica de Londres o Doctor Honorario por la Universidad de Cambridge no le impidió ser hombre piadoso, atender a su familia y disfrutar de su afición a los trenes. Sus postulados nacionalistas se centraron más en lo artístico que en lo político. A su muerte aún quedaban unos años hasta que, en 1918, se desintegrase el Imperio Austrohúngaro.

Fachada del Conservatorio Nacional
de América, Nueva York, en 1905.
En 1892 abrió sus puertas el Conservatorio de Nueva York, una iniciativa llevada a cabo por Jeannette Thurber. Hay que decir que si por algo se ha caracterizado Nueva York en lo musical es que nunca ha escatimado fondos ni miras altas. Y en este caso fue así: la señora Thurber se puso en contacto con Dvorak para ofrecerle la dirección del centro. El compositor aceptó y se trasladó a Nueva York, donde fue recibido con honores. Su actividad fue en todo momento observada por la crítica americana, que veía a Dvorak como una suerte de gurú capaz de abrir camino a un estilo de música americano, sobre todo porque a su llegada declaró que los espirituales negros podían ser el punto de partida para una escuela americana de composición. Se dice que bajo la influencia de éstos, de la música popular estadounidense y de la de los nativos americanos compuso su obra más famosa, la Sinfonía nº 9 en re menor "del Nuevo Mundo" o el Quinteto para cuerdas en mi bemol mayor "Americano". El compositor dejó claro que la Sinfonía no utilizaba tales melodías, sino que incorporó a la música particularidades de estas fuentes con los recursos musicales modernos.

DVORAK Y EL VIOLONCELLO

El Concierto para violoncello y orquesta es la última obra que Dvorak compuso en América. El 30 de abril de 1895 abandonó Nueva York para instalarse en Praga. Las razones de su marcha se apoyan habitualmente en motivos económicos y familiares. Probablemente más lo segundo que lo primero, no es difícil imaginar que el compositor sentía cierta nostalgia de su tierra natal. Este argumento se ha apoyado en que el Concierto para cello no contiene influencias americanas, sino que íntegramente vuelve a beber de las fuentes del nacionalismo checo, en un clima de nostalgia particularmente profundo y sereno.

Estatua de Dvorak en Stuyvesant Square
Park, Manhattan.
Dvorak había tenido una mala experiencia con el cello. Él era violinista y pianista, los dos otros instrumentos para los que compuso sendos conciertos (anteriores en más de una década al que nos ocupa), pero antes de éstos, se había atrevido, en 1865, a componer un concierto para cello. Contaba con veinticinco años y no dió resultado. Compuso íntegramente la parte solista, pero no orquestó el acompañamiento, que se quedó en una parte para piano. Quedó desilusionado con lo realizado hasta ese momento y, a diferencia de la Sinfonía nº 2, retocada años después, nunca volvió sobre él. En 1920, Günther Raphael realizó un estudio del mismo, pero no se limitó a orquestar el acompañamiento, sino que modificó líneas melódicas y armonías para adecuarlo al estilo del Dvorak maduro. Su labor fue objeto de crítica a pesar de que él dejo claro que había dado "nueva forma" al Concierto. El tener que imitar al Dvorak maduro para salvar al Dvorak juvenil hace que la obra sea poco atractiva en el original, mientras que el arreglo es eso, un arreglo, lo que ha motivado que esta obra no se interprete en las salas de conciertos y sea desconocida. La mala experiencia le marcó, llegando a decir que no le gustaba "la calidad nasal de las notas agudas y el farfullamiento  del bajo". Términos bastante peyorativos hacia el instrumento.

Hasta 1884 no vuelve a interesarse por el cello. Será a través de dos obras breves, hoy escasamente interpretadas: el Rondó en sol menor y Silent woods, nombre con el que se conoce a la adaptación para cello y orquesta de uno de sus seis dúos, titulado Bosques de Bohemia. Y once años después, vendrá el Concierto que nos ocupa.

COMPONIENDO EL CONCIERTO

Dvorak empezó a componer la obra en el otoño de 1894. Parece ser que el haber asistido en Brookling al estreno de un Concierto para cello compuesto por Victor Herbert, unido a la persusión de su amigo Hanus Wihan, cellista, le hizo asumir el reto.

El cellista Hanus Wihan.
En febrero de 1895 el Concierto estuvo compuesto y orquestado, pero Wihan hizo algunas sugerencias respecto a la parte solista. El cello es un instrumento con un registro muy amplio, que ofrece posibilidades tímbricas muy particulares en el registro agudo, pero sin olvidar que su tesitura típica en la orquesta es grave. De ahí que no sea fácil el equilibrio de fuerzas entre orquesta y solista, como puede serlo en un instrumento agudo como el violín. Siempre es más fácil hacer destacar al solista por tesitura superior, y en el caso del cello no es posible: aunque se coloque al solista en una tesitura más aguda que la de los cellos en la orquesta, es fácil tener a los violines y violas de la orquesta, así como instrumentos de madera y metal, en una tesitura más aguda. El contraste, por tanto, hay que buscarlo en la sonoridad y en las texturas orquestales que sirvan de marco al cello.

Casa-Museo de Dvorak en Praga.
Además, el solista quiso incluir una cadencia (pasaje que interpreta el solista sin acompañamiento de la orquesta dispuesto específicamente para su lucimiento, con tintes virtuosísticos) al final del tercer movimiento. Dvorak se negó a insertar una cadencia.

Finalmente, Wihan no se ocupó de la parte solista en el estreno. Esta circunstancia no se debió a diferencias entre cellista y compositor, sino a una serie de malentendidos entre el compositor y la Sociedad Filarmónica de Londres, que auspiciaba el estreno de la obra. Fue Leo Stern el que asumió la tarea con un éxito absoluto. Wihan lo interpretaría poco después.

ESCUCHANDO EL CONCIERTO

Como todo concierto, se estructura en tres movimientos (rápido-lento-rápido).  La plantilla orquestal es la propia de una orquesta sinfónica romántica, con la particularidad de que requiere tres trompas y no cuatro, como sería lo normal.
Jacqueline du Pré y Barenboim.

La versión escogida es una de las referencias absolutas indiscutibles: la cellista inglesa Jacqueline du Pré con la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por su marido, el argentino-israelí Daniel Barenboim. Casados a los veintiún y veinticuatro años respectivamente, ella hubo de retirarse de los escenarios con veintiocho debido a una escleroris que acabó con su vida catorce años más tarde. Afortunadamente nos legó una discografía maravillosa y amplia en un periodo muy corto de tiempo (aunque uno siempre se queda con ganas de más, y lo dice quien hace un par de años compró sus obras completas y quedó maravillado). Recibió el título de Dama del Imperio Británico.

El sonido de ella es altamente expresivo, en una gama que va de lo dulce a lo doliente, de sonido muy nítido e hiperromántico, impactante en el ataque. Barenboim ha destacado por sus interpretaciones de Beethoven, Wagner y Bruckner, y su Dvorak suena más germano que checo, con un sonido robusto sin excesos folclóricos, pero atento en todo momento a la solista. Sin lugar a dudas, un tándem irrepetible. Vamos con el primer movimiento. No lo olvidemos: ambos genios tenían menos de treinta años cuando legaron a la posteridad este registro.


Las maderas graves exponen el motivo, en modo menor, que da origen al tema principal, contestado por las flautas (0:14). El timbre y la armonía melancólica nos recuerda a la Sinfonía del Nuevo Mundo compuesta poco antes. El motivo pasa a los violines y rápidamente, con el mismo dramatismo que en el Nuevo Mundo, pasa a toda a la orquesta, donde se nos muestra completo (0:48). Las maderas llevan la voz cantante en la transición hacia el segundo tema, que expone la trompa, en modo mayor (2:05). En el 2:53, los violines realizan la transición a un breve motivo bellísimo y netamente folclórico. Las trompetas, en toque de fanfarria típico, aunque sin excesos, lo preceden, solemne (3:02). Se va difuminando la alegria bohemia, y entre el cello con el tema inicial (3:30). Dvorak le deja hacer con libertad, gracias a un acompañamiento comedido en las maderas, que contrastan facilmente con el instrumento solista. A partir de aquí, el cello es el protagonista y va desarrollando el tema inicialmente, con aliento dramático. Nótese cómo hasta el 5:08 el cello está practicamente solo y du Pré no hace decaer la tensión en ningún momento.

En el 5:45 el cello expone el segundo tema, que al inicio habíamos escuchado en la trompa. A partir del 6:50 se inicia una sección virtuosística sobre este segundo tema, que a lo largo del primer movimiento será el que dé más juego al cello. 

En el 7:20, expuesto todo el material musical, pasamos a una sección de desarrollo, donde siempre con el protagonismo del cello, iremos escuchando aquí y allá motivos aislados de los dos temas. En el 8:15 toda la orquesta inicia una variación del primer tema, que poco a poco se va apagando. En el 9:28 el cello vuelve al motivo inicial, que le permite dar paso a una sección casi a modo de cadencia (10:35), en estilo similar a lo que Tchaikovsky había hecho en su Concierto para violín.

En el 11:38 pasamos a modo mayor. Vuelve a toda orquesta el segundo tema, que desarrolla de nuevo el cello, ahora más alegre. En el 13:05 el cello, con gran tensión, sirve de enlace al primer tema, ahora en modo mayor (14:00). Desde aquí, se va acumulando la tensión hacía un final espectacular en el que el solista no lo tiene nada fácil.

También os propongo escuchar el tercer movimiento, bastante más folclorista.



El movimiento se inicia a ritmo de marcha con un material muy similar al empleado en el primer tema del primer movimiento. La tensión creada en los violines antes de dejar paso al cello recuerda también al Nuevo Mundo. Expuesto el tema en el cello, reexpone toda la orquesta y el cello va iniciando sucesivas variaciones, en una forma de rondó (A-B-A-C...) con ciertas libertades, pues la reexposición del tema inicial no es siempre completa y con ciertos subtemas (como el bellísimo expuesto por el cello a partir del 3:00). El tema C que se inicia en el 6:35 es muy equilibrado y galante y posee sustantividad propia en su paso del solista a la orquesta y desemboca rotundo en el 9:30 para dejar paso al cello haciendo una pequeña variación que du Pré afronta con apasionamiento extremo. Las texturas que nos ofrece el pasaje son a cada cual más sutiles.

El concierto se acaba... Suena por última vez, como una despedida, el tema inicial de la obra en los clarinetes (11:12). Como un eco nos llega una suerte de respuesta en los violines (11:31). El cello da paso a la coda, de forma dramática, como con un lamento, en forma de trino (11:52). El final es casi fílmico e impactante.

Cuando Brahms leyó todo el concierto, ya en su último año de vida, se dice que exclamó: "¿Por qué diablos no seabía que se pudiese escribir un concierto para violonchelo como éste? Si lo hubiese sabido, habría escrito uno no hace mucho". Brahms había escrito un concierto para violín y cello, pero en opinión del que escribe, más intelectualizado que emocionado, mientras que el de Dvorak, sin perder de vista la forma, rezuma emoción en cada pasaje.

ANÉCDOTAS

UN AMOR DE JUVENTUD
Josefina Cermákova, cuñada
de Dvorak y amor de juventud.

El tema C del tercer movimiento del Concierto corresponde a una canción compuesta por Dvorak titulada Lass' mich allein (op. 82) y que era la favorita de su cuñada, Josefina Cermáková. El compositor, en su juventud, estuvo enamorado de ella, pero fue rechazado y Josefina se casó con un aristócrata. Él se casaría con la hermana menor de ésta, Anna. Mientras se hallaba componiendo el concierto en Estados Unidos, supo de la grave enfermedad por la que pasaba Josefina. Cuando regresó a Praga, supo de su muerte, por lo que agregó el tema de su canción favorita al final del Concierto para rendirle tributo.

EL CELLO DE JACQUELINE DU PRÉ

Yo-Yo-Ma con el 
Stradivarius Davidov.
A la muerte de Jacqueline du Pré en 1987, la Fundación Vuitton adquirió su cello, un Stradivarius de 1712 conocido como Davidov, por más de un millón de libras, quien lo cedió al cellista Yo-Yo-Ma. Diez años después, Daniel Barenboim se arrancó a llevar de nuevo la batuta en el Concierto para cello de Dvorak con la misma orquesta, la Sinfónica de Chicago, y con este cellista, quien tiene cedido hasta nuestros días el instrumento que fue propiedad de su esposa. Existe grabación de este concierto. Personalmente, un punto por debajo que la de du Pré. Yo-Yo-Ma siempre se ha referido a este instrumento con un respeto añadido al que se puede tener a un Stradivarius, siendo consciente por manos de quién pasó antes de llegar a su posesión.

JAMES BOND

La película de James Bond Alta tensión (fruto de esas incomprensibles traducciones, pues el original se titula The living daylights, 1987), decimoquinta entrega de la saga, que en este caso protagoniza Timothy Dalton, se desarolla en el marco de la deserción de un coronel de la Unión Soviética. En este caso, la chica Bond es una cellista de Bratislava (Maryam d'Abo) que, en una de las escenas, se halla estudiando la sección central del primer movimiento del Concierto en una habitación de hotel cuando entra el protagonista. Otras cuatro obras musicales se escuchan en la película, una de ellas también es una famosa composición para cello y orquesta. Tampoco falta un cello Stradivarius en el argumento. No he podido localizar esa escena concreta en youtube, sí unas escenas que ocurren en Viena y en las que asisten a una representación de la ópera Las Bodas de Fígaro de Mozart:
 

1 comentario:

  1. Reseña fabulosa,solo puedo agregar que un film de 1987´´Las brujas de Eastwick´´con el genial Nicholson,una de sus amadas toca el Cello Concerto de Dvorak.Abrazos.

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